Desde el 20 de agosto, los camiones y autobuses que realizan transporte internacional dentro de la Unión Europea o en países con acuerdos como Suiza, Reino Unido, Noruega, Islandia o Liechtenstein deben llevar instalado el nuevo tacógrafo inteligente de segunda generación. Esta medida busca mejorar el control sobre los tiempos de conducción y descanso, promoviendo una mayor seguridad y cumplimiento normativo.
Sin embargo, los vehículos de países fuera de estos acuerdos —como Rusia, Turquía o Moldavia— pueden seguir operando en la UE con tacógrafos antiguos, incluso analógicos, lo que dificulta las labores de inspección en carretera y puede generar desigualdad competitiva entre transportistas, ya que no todos están sujetos a las mismas exigencias técnicas.
Más de un millón de vehículos en Europa han tenido que adaptarse a esta nueva obligación, que se ha implementado en dos fases y supone un importante esfuerzo para las empresas del sector.